Frasco con cuentagotas de Gallinée Face Oil 30 ml, aceite facial con escualano y prebióticos

Gallinée

Gallinée Prebiotic Face Oil 30 ml

Aceite facial nutritivo con escualano para piel seca y sensible

Precio de venta36,90 €
SKU: 282065 EAN: 5060451730685

Tipo: Aceite Facial

Etiquetas:aceite-facial, escualano, gallinee, microbioma, novedad, piel-seca, postbioticos, prebioticos

Aceite facial nutritivo de Gallinée de rápida absorción, que nutre, calma y fortalece la barrera cutánea sin dejar sensación grasa. Combina aceites vegetales, escualano y un complejo de prebióticos y postbióticos que ayuda a mantener el equilibrio del microbioma. Fórmula minimalista con solo 8 ingredientes y un 98 % de origen natural. Puede usarse solo o mezclado con la crema, el sérum o la base de maquillaje. Envase de 30 ml.

Cantidad:
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Gallinée Prebiotic Face Oil 30 ml

Farmacia de Carmen

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Toledo
España

Gallinée Prebiotic Face Oil 30 ml

Es el Prebiotic Face Oil de Gallinée: un aceite facial de rápida absorción con escualano y prebióticos, de fórmula minimalista —solo 8 ingredientes y un 98 % de origen natural—.

Para quién es

  • Piel seca o deshidratada.
  • Piel sensible, incluida la más reactiva.
  • Épocas de frío, viento o calefacción.
  • Quien busca luminosidad natural.
  • Todo tipo de pieles, también las mixtas.

Qué es Gallinée

Gallinée es una marca francesa fundada por Marie Drago, doctora en Farmacia, y construida por completo alrededor del microbioma cutáneo. Todas sus fórmulas se ajustan al pH fisiológico de la piel y giran en torno a un complejo propio de prebióticos, probióticos y ácido láctico.

⚠️ El aceite en la piel grasa: la idea que conviene desmontar

Merece encabezar la explicación, porque es la objeción más frecuente y suele estar equivocada.

La intuición dice que aplicar aceite en una piel que ya produce grasa es contraproducente. Pero la realidad es más matizada.

Muchas pieles grasas están, en realidad, deshidratadas: producen sebo en exceso precisamente porque la barrera está dañada y pierden agua. El sebo es un intento de compensación.

Y hay un factor que agrava el círculo: los productos muy detergentes que se usan para «controlar el brillo» retiran los lípidos de la barrera, la piel responde produciendo más sebo, y se refuerza el problema.

Lo que sí importa es qué aceite. Y ahí hay diferencias reales entre unos y otros en cuanto a su potencial comedogénico, algo que depende de su composición en ácidos grasos.

El escualano, que es el ingrediente más elegante de la fórmula

Merece un apartado propio, porque tiene una particularidad notable.

El escualeno —con «e»— es un lípido que la propia piel produce: representa en torno al 10-13 % del sebo humano, una proporción muy superior a la de casi cualquier otro mamífero. Es, literalmente, un componente natural de nuestra superficie cutánea.

Su problema es que resulta químicamente inestable: se oxida con facilidad al contacto con el aire y la radiación ultravioleta.

Por eso en cosmética se emplea el escualano —con «a»—: la versión hidrogenada, saturada y por tanto estable, que conserva las propiedades del original sin oxidarse.

Y una nota que merece contarse: históricamente el escualeno se obtenía del hígado de tiburón, de donde procede su nombre —del género Squalus—. Hoy la mayoría del escualano cosmético se obtiene por vía vegetal, principalmente de la aceituna o de la caña de azúcar mediante fermentación, lo que resolvió un problema serio de sostenibilidad.

Sus propiedades son notables: emoliente ligero, de tacto seco, muy bien tolerado, con bajísimo potencial comedogénico y afinidad natural con la piel por ser un componente propio.

Y por qué una fórmula de solo 8 ingredientes

Merece explicarse, porque el minimalismo en cosmética no es solo una tendencia estética.

Cada ingrediente de una fórmula es un potencial alérgeno de contacto. Reducir el número reduce la probabilidad de reacción, y facilita algo muy práctico: si aparece un problema, es mucho más fácil identificar qué lo ha causado.

Además, un aceite anhidro —sin agua— tiene otra ventaja: no necesita conservantes del tipo que requieren las fórmulas acuosas, porque sin agua los microorganismos no proliferan.

Por eso los aceites faciales suelen ser de las fórmulas más sencillas y mejor toleradas de una rutina.

Cómo usar un aceite facial, que tiene su técnica

  • Al final de la rutina, tras el sérum y la crema. Un aceite sella; si va antes, dificulta la penetración de lo que venga después.
  • Sobre la piel ligeramente húmeda: es cuando mejor se extiende y más agua retiene.
  • Pocas gotas: 2 o 3 bastan para todo el rostro. Caliéntalas entre las palmas y presiona suavemente sobre la piel en lugar de frotar.
  • Mezclado: puedes añadir una gota a tu crema o a la base de maquillaje para un acabado más luminoso.
  • Como bálsamo local: en zonas muy secas, cutículas o labios.

El microbioma cutáneo, que es el eje de toda la marca

Merece explicarse bien, porque es un cambio de enfoque relativamente reciente en dermocosmética.

La superficie de la piel alberga una comunidad de microorganismos —bacterias, hongos, virus y ácaros— que no son huéspedes pasivos. Se estima que conviven cientos de especies, con una composición que varía según la zona del cuerpo: no es lo mismo la espalda, rica en sebo, que el antebrazo, seco, o el pliegue axilar, húmedo.

Y sus funciones son reales:

  • Competencia: ocupan el espacio y los nutrientes, dificultando la colonización de patógenos.
  • Producción de sustancias antimicrobianas: algunas cepas fabrican bacteriocinas.
  • Educación inmunitaria: interactúan con las células inmunes de la piel y modulan la respuesta inflamatoria.
  • Mantenimiento del pH: fermentan y producen ácidos que sostienen el manto ácido.

Y el manto ácido, que es la clave del pH

Merece un apartado, porque explica por qué todos los productos de la marca declaran pH fisiológico.

La superficie sana de la piel tiene un pH ácido, en torno a 4,7-5,5. Y eso no es casual: ese pH cumple varias funciones a la vez.

  • Favorece a las bacterias comensales, que prefieren un medio ácido, y dificulta a muchas patógenas —Staphylococcus aureus, por ejemplo, prefiere pH neutro—.
  • Regula las enzimas que procesan los lípidos de la barrera, que son pH-dependientes.
  • Controla la descamación ordenada de los corneocitos.

⚠️ Y aquí lo importante: un jabón tradicional tiene un pH alcalino, de 9 o 10. Cada lavado con jabón desplaza el pH cutáneo durante horas, y en pieles ya alteradas —atópicas, por ejemplo— la recuperación es aún más lenta. Un limpiador de pH ajustado evita ese desajuste.

Prebióticos, probióticos y postbióticos

Conviene distinguir los tres términos, porque se confunden constantemente:

  • Prebiótico: el alimento de los microorganismos beneficiosos. No está vivo. Aquí son la inulina y el alfa-glucano oligosacárido, fibras y azúcares que las bacterias comensales fermentan.
  • Probiótico: microorganismos vivos. ⚠️ En cosmética es técnicamente muy difícil mantenerlos viables dentro de un producto conservado, así que lo que suele incorporarse son lisados o extractos bacterianos, no bacterias vivas.
  • Postbiótico: los productos del metabolismo bacteriano. El ácido láctico es el ejemplo clásico.

Y el ácido láctico, que hace tres cosas a la vez

Merece explicarse, porque es el ingrediente más versátil de la marca.

El ácido láctico es un alfa-hidroxiácido (AHA), y es el que producen de forma natural los lactobacilos. En cosmética cumple funciones distintas según la concentración y el pH:

  • Ajusta el pH hacia el rango ácido fisiológico.
  • Exfolia suavemente: rompe las uniones entre corneocitos. Y frente a otros AHA tiene una ventaja: su molécula es más grande que la del glicólico, penetra más despacio y resulta bastante mejor tolerada.
  • Hidrata: es componente del factor natural de hidratación (NMF) de la propia piel, así que actúa también como humectante.

Es, de los AHA, el más adecuado para piel sensible.

Consúltanos en la farmacia

Ordenar bien una rutina facial cambia mucho los resultados. En Farmacia Carmen Ramírez te orientamos: pregúntanos.

Advertencias y precauciones

  • Uso externo. Producto cosmético.
  • Evitar el contacto con los ojos y las mucosas. En caso de contacto, aclarar con abundante agua.
  • No ingerir. Mantener fuera del alcance de los niños.
  • No aplicar sobre piel irritada, con heridas o lesiones.
  • Suspender el uso ante enrojecimiento, escozor o irritación persistente.
  • Conservar en lugar fresco y seco.
  • Aplícalo al final de la rutina: un aceite sella lo que hay debajo.
  • Pocas gotas bastan: 2 o 3 para todo el rostro.
  • Realiza una prueba en una zona pequeña si tu piel es muy reactiva.
  • Consérvalo protegido de la luz y el calor: los aceites se oxidan.
  • No lo uses si notas olor rancio.
  • No sustituye a la fotoprotección diaria.
  • Consulta el listado INCI del envase si tienes alergias de contacto conocidas.
  • ⚠️ ACUDE A TU DERMATÓLOGO ante rojeces persistentes, brotes que no ceden, descamación intensa, picor que no mejora, o ante un lunar que cambia de tamaño, forma, color o bordes, que sangra o no cicatriza.

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